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El legado de Roberto Clemente
 
 

Más allá de sus tres mil hits, cuatro títulos de bateo, el premio de Jugador Más Valioso y dos apariciones en la Serie Mundial, el legado de Roberto Clemente al mundo es difícil de cuantificar y calificar con simples números.

Clemente fue un pionero de su raza, la latina, en las mayores, en momentos en que el racismo aún tenía bases sólidas en el béisbol y la sociedad norteamericana. Pero lejos de quejarse, Clemente luchó para superarse y luego se preocupó por dar un ejemplo positivo acerca de su origen.

Como jugador, Clemente fue extraordinario. Tenía las cinco herramientas básicas para ser considerado estelar; bateo de promedio y poder, velocidad, fildeo y buen brazo. Una sexta cualidad, tan importante como las otras, fue lo que le distinguió sobre los demás: inteligencia.

Clemente tenía porte y su presencia inspiraba respeto. No solamente los aficionados acudían temprano al estadio para verlo tomar prácticas de bateo, sino que sus compañeros y los jugadores contrarios disfrutaban con ver cada movimiento, cada actuación del número 21 de los Piratas de Pittsburg.

Entre 1955 y 1972 jugó en 2,433 juegos, tuvo 9,454 turnos al bate; anotó 1,416 carreras; pegó 3,000 hits descargó 240 cuadrangulares y remolcó 1,305 carreras a pesar de que no era jonronero.

Clemente logró cuatro cetros de bateo en la Liga Nacional (61-64-65-67), bateó .317 de por vida y 12 veces fue seleccionado al Juego de las Estrellas. En 1958 sacó a 22 corredores para ganar el primero de un récord de cinco títulos de asistencias y totalizó 266 en su carrera.

Clemente participó en dos Series Mundiales, bateando .310 en 1960 y .414 en 1971; fue seleccionado el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional de 1966 (primer puertorriqueño que lo logra); doce veces ganó el Guante de Oro por su habilidad en el fildeo como jardinero derecho y seleccionado el Más Valioso de la Serie Mundial de 1971.

Pero la cualidad más grande que tuvo el gran ídolo puertorriqueño fue su tremendo amor por el prójimo. Clemente murió en un día, 31 de diciembre, en que la mayoría de seres humanos están en sus casas al lado de su familia, mientras transportaba ayuda a los damnificados de un terremoto que azotó Nicaragua.

"América reconoce sus grandes hombres después que son sus grandes muertos". La frase debió más bien ser dicha de esta manera: "Latinoamérica no reconoce sus grandes hombre, ni aún cuando se convierten en sus grandes muertos".

Mientras los nombres de Babe Ruth, Joe Dimaggio, Ted Williams y Cal Ripken Jr. son sinónimos de divinidades en Estados Unidos, los de Clemente, Juan Marichal, Rod Carew y Tany Pérez son simplemente nombres más en Latinoamérica.

Mientras en Pittsburgh colocaron una estatua gigantesca frente al nuevo estadio PNC Park y se realiza un puñado de homenajes cada año para recordar al "Cometa de Carolina", en su país natal son muchos los que ignoran la grandeza de Clemente.

Igual sucede con Marichal y otros grandes peloteros nativos en República Dominicana. Ningún estadio ni edificio deportivo importante lleva el nombre de quien es considerado el mejor lanzador latino de la historia.

Fuente: www.robertoclemente21.com